Luis Humberto Soriano: Creé Biblioburro para acercar la cultura a los niños desfavorecidos

En 1997, en una ocasión que pasé por el departamento la Gloria Magdalena (Colombia) detecté una necesidad —una gran necesidad— que me dejó muy preocupado. En esa región y en varias veredas de sus alrededores no había suficientes escuelas ni tampoco docentes y por eso allí los niños se estaban quedando analfabetos.

Entonces tuve la certeza de que podía colaborar, que podía apoyar a mi comunidad. La idea me motivó mucho y me llenó de ansias. En casa tenía varios libros y decidí compartirlos con esos niños, así que una mañana tomé dos burros que tenía sin hacer nada —Alfa, mi burrita; y Beto, mi burro—, les puse anaqueles y me lancé a la gran aventura que bauticé como Biblioburro, empezando en aquellas veredas que tenían una situación educativa más compleja.

El funcionamiento de Biblioburro es sencillo. Yo manejo un listado de veredas y sitios que visitar. Como en un día no me alcanza a visitarlas todas programo las visitas con fechas y luego empiezo el recorrido. Para cada vereda a la que voy tengo que tener el material de trabajo preparado de los temas que quiero impartir. Este material lo selecciono y lo monto a los burros. Antes de partir me tomo un buen café con mi desayuno y empiezo la travesía, que puede durar hasta 8 horas a lomos de un burro: cuatro de ida y cuatro de venida.

Cuando llego a la zona donde estaré, la gente siempre me está esperando, en especial los niños. Entonces empezamos las actividades. Los niños se ponen felices cuando me ven con los burros, se alegran mucho, algo que me llena de gratitud. A ellos les parece bien lo que hago porque aprenden con el proyecto. Recuerdo que una vez en una vereda un niño me dijo: “Libros en burro para que aprendamos a leer. ¡Qué bonito!” Aún atesoro esa frase con amor.

Luis Soriano durante una de sus actividades de enseñanza con Biblioburro
Luis Soriano durante una de sus actividades de enseñanza con Biblioburro

Hay una niña en mi proyecto llamada Gina que cuando la conocí no sabía leer ni escribir. Ahora, gracias al programa de alfabetización, ya sabe hacer ambas cosas y desde hace un tiempo ella misma le enseña a leer y a escribir a sus padres y hermanos. Gina dice que cuando sea grande será docente. ¡Qué gran dicha!

Mi lema siempre ha sido que si no hay escuelas, ni docentes, entonces tenemos que llevarlas, así sea a lomos de burro. Lo importante es culturizar a las personas y que puedan aprender a través de los libros.

A pesar de que al principio a muchos les pareció que Biblioburro era algo anormal y arriesgado, con el tiempo entendieron que la obra era de gran ayuda para muchas personas

En cada vereda demoro el tiempo que necesite por actividad, hay veces que son 2 o 3 horas, a veces más; depende lo que se vaya a hacer. Las actividades que suelo impartir son principalmente las jornadas de alfabetización, en las que los niños aprenden a leer o a mejorar su comprensión lectora. Pero también realizamos talleres y jornadas lúdicas o recreativas; y los fines de semana los dedicamos a Biblioburro Digital.

Los comienzos de Biblioburro fueron duros. Las personas me señalaban, pensaban que me estaba volviendo loco. Un comentario que recuerdo fue cuando alguien me dijo que me deberían llevar a un carnaval porque mi labor era de locos. Aunque yo nunca les presté atención, a mi familia sí les preocupaba. Mi esposa decía que podría traerme problemas más adelante. A pesar de ello, ella me apoyaba y mis hijos siempre mostraron interés en la labor. Y yo, aunque muchos me han tratado como a un loco, sé que estoy involucrado en una idea que va a dejar grandes frutos.

Luis Soriano lee a sus alumnos

A pesar de que al principio a muchos les pareció que Biblioburro era algo anormal y arriesgado, con el tiempo entendieron que la obra era de gran ayuda para muchas personas. Sobre todo cuando la gente empezó a ver resultados en la comunidad fue cuando se convencieron de que la idea funcionaba. Cambiaron de opinión por los resultados y el arduo trabajo.

Los lugares donde comencé a trabajar eran peligrosos en la época entre 1997 y 2002 debido al conflicto armado entre los paramilitares de la guerrilla y el estado. En nuestra zona el cabecilla era Rodrigo Tovar Pupo, conocido como Jorge 40. Varias veces me retuvieron los paramilitares, pero al ver que mi trabajo era de índole social, gracias a Dios nunca pasó a mayores.

Cada vez que me detenían los paramilitares me preguntaban muchas cosas. Puede que quizás pensaran que mi trabajo no era el correcto, pero luego siempre acababan entendiendo la importancia del mismo. En una ocasión uno de los guerrilleros tomó “Brida”, un libro de Paulo Coelho, y se lo llevó. A los pocos minutos me soltaron, pero el guerrillero nunca me regresó el libro. Espero que el libro le haya servido mucho a ese hombre.

En 2012 sufrí la amputación de mi pierna izquierda como resultado de un accidente que había tenido dos años antes haciendo Biblioburro

Las zonas donde trabajo también son recónditas, alejadas de la tecnología. Algunas ni siquiera aparecen en el mapa de Colombia. A día de hoy todavía las visito y veo que se han conseguido cosas buenas como desarrollo social, promoción del trabajo en equipo, la creación de grupos de teatro y la proliferación de madres líderes comunitarias.

También ha habido momentos en los que he llegado a pensar que Biblioburro estaba cayendo en saco roto, que no conseguía lograr los objetivos que esperaba y que todo se venía abajo. Pero pronto pude entender que había mucha necesidad y por tanto mis burros y yo sabíamos cual era nuestra misión, así que no desfallecimos y aquí continuamos.

Otro duro escollo sucedió en mayo de 2012 cuando sufrí la amputación de mi pierna izquierda como resultado precisamente de un accidente que había tenido dos años antes haciendo Biblioburro. El incidente ocurrió cuando Beto, mi burro, al estar cortejando una burrita salió corriendo. Cuando traté de detenerlo me caí y el burro me cayó encima, justo de la pierna que resultó más afectada por el golpe.

Muchas veces Beto me ha hecho pasar malos tragos porque cuando burras de otras veredas se emociona tanto que más de una vez me he tenido que bajar rápido para no tener un accidente. A veces hasta deja caer los libros y luego me toca recogerlos uno a uno y volverlos a colocar. Pero nos entendemos bien. Por el contrario, Alfa mi burra es tranquila y trabajadora.

Biblioburro

A pesar de lo sucedido con mi pierna, siempre tuve claro que Biblioburro iba a continuar. Y aunque el asunto era doloroso, lo tomé con serenidad, me puse en manos de Dios y aquí estoy, continuando siempre hacia delante.

Hoy en día, tras casi 20 años desde su nacimiento, Bibliburro cuenta con más de 8.000 libros. Además el proyecto se ha institucionalizado y lo estamos llevándo a comunidades indígenas y a más niños en el departamento del Magdalena.

Además, Biblioburro ha ido poco a poco recibiendo reconocimiento en Colombia. La atención de los estamentos oficiales no tardó en llegar. Ellos se interesaron por mi trabajo y juntos hicimos algunas réplicas del proyecto para otras comunidades que carecían de escuelas y docentes. Un ejemplo es Biblioburro en Popayán, una iniciativa muy poderosa para varias comunidades. Sin embargo, el contacto oficial más cercano con el que trabajamos son las Bibliotecas Públicas de Colombia.

Lo que tampoco esperaba es la gran acogida internacional que este proyecto ha recibido. A raíz de Biblioburro he estado en Ecuador, Chile, Timor del Este y España, donde me invitaron a compartir la experiencia de Biblioburro y el impacto que ha tenido. Mi idea es que en la medida de lo posible se pueda seguir replicando el Biblioburro y que sea de gran ayuda en la parte académica. Por ejemplo en Chile y Bolivia hay Bibliollamas; en Italia hay un Biblioburro llamado Serafino; en Brasil, Timor del Este, India y en varios países más también se han creado réplicas, algo que es muy alentador. Con casi todos ellos mantenemos el contacto y compartimos experiencias, nos reenviamos fotografías y valoramos el trabajo del resto.

Desde que comencé Biblioburro creo que, de alguna manera, se puede apreciar que los niños están dejando de leer, sobre todo en la ciudad. Allí el interés por los libros se ha perdido en pro de la tecnología, por eso tenemos que culturizar a las personas a cerca de la importancia de los libros y el bien que estos hacen al conocimiento. Debemos tomar la tecnología como una herramienta, no como un todo porque entonces estaríamos relegando otras cosas importantes, como en este caso es la lectura.

Luis Soriano parte con los libros de Biblioburro

Esta iniciativa ha llegado lejos y espero que lo siga haciendo, por eso siempre tratamos de hacer cosas nuevas para que los niños vean cambios significativos. Por eso, por ejemplo, desde hace unos años les esperan burros con libros y tecnología. Este nuevo proyecto se llama Biblioburro Digital y lo lanzamos junto con la Fundación Biblioburro con la idea de fortalecer el programa con la ayuda de computadores, de programas educativos, de un proyector, de memorias USB y del cine al campo. Pero mis alumnos entienden que están usando nuevas herramientas, no que deberán sustituir los libros por estas nuevas tecnologías. Esto es algo que hacemos con esfuerzos muy grandes. Generalmente los fondos vienen de donaciones de particulares que generosamente nos brindan algo de apoyo. Paralelamente creamos causas en internet, en redes sociales y con algunos proyectos con los cuales logramos reunir libros y material educativo.

La repercusión de Biblioburro me sorprendió bastante. Jamás imaginé el impacto mundial que iba a tener este proyecto. Por eso todo lo que ha suscitado lo tomo con humildad: sigo siendo el mismo hombre sencillo, con mis burros, con una vida normal y haciendo lo que me gusta: ENSEÑAR.

FIN

 


 

Biblioburro10Luis Humberto Soriano Bohórquez (Valledupar, Colombia; 1970) estudió Español y Literatura a distancia en la Universidad del Magdalena; y ha completado varios seminarios sobre Educación y su impacto en la sociedad. Junto con su esposa, Diana Arias, tiene tres hijos: Carlos David, el mayor, tiene 17 años; Susana de 15; y Juan Pablo de 9. Luis vive con su familia en el corregimiento la Gloria en el departamento del Magdalena (Nueva Granada, Colombia), desde donde lanzó el proyecto Biblioburro. Podéis seguir sus pasos en su cuenta de Twitter y Facebook. Luis ha creado una campaña para recaudar fondos para mejorar la biblioteca de Biblioburro y adquirir nuevos ordenadores para Biblioburro Digital. Podéis participar aquí o a realizando una donación en la siguiente cuenta bancaria:

Cuenta bancaria biblioburro