She Is Syria: Cómo estas refugiadas me enseñaron el verdadero significado de la maternidad

Cuando aterricé en Berlín una nevosa mañana de enero, en el contestador de mi teléfono tenía un nuevo mensaje de voz de mi madre. No habíamos tenido oportunidad de hablar antes de mi vuelo, pero como viajo con frecuencia no le di mucha importancia a la llamada perdida. Acababa de embarcarme en un viaje a través de Alemania y Grecia con un pequeño grupo de cinematógrafos con el fin de registrar y contar las historias de mujeres y niñas refugiadas para “She Is Syria”, un proyecto documental multimedia.

No sabes que esperar cuando te dispones a abordar un asunto tan devastador y urgente, o ni siquiera si alguna mujer iba a estar dispuesta a hablar con nosotras. Sin embargo, durante el transcurso de las dos semanas siguiente, quedé atónita por la voluntad de las mujeres afganas, kurdas, iraquíes, palestinas, iraníes y sirias que conocí y quisieron compartir sus experiencias.

Las historias que nos relataban eran con frecuencia perturbadoras y difíciles de digerir. Como la de Sahar, una joven de 28 años de Siria que ignora si su marido está vivo o muerto. La policía secreta de Assad lo arrestó hace tres años. Impávida ante su situación y con la determinación de sobrevivir, Sahar viajó a Alemania sola con su hija de 3 años, recorriendo el camino a pie, autobús y tren; enfrentándose a temperaturas gélidas y pagando a contrabandistas para que las pasaran de forma segura a través de las fronteras.

O Faida, una mujer siria de 53 años y madre de dos chicos de veintitantos que nos narró como se enfrentó a contratiempo tras contratiempo en su camino a Europa. Faida fue arrestada dos veces por la policía, estafada, se quedó atascada en ciudades fronterizas cuando se le acababa el dinero y como guinda: los contrabandistas les dejaron tirados a ella y uno de sus hijos en Dinamarca en vez de Alemania.

Sara, de 21 años, viajó sola con su bebé para reunirse con su marido en Berlín. Cuando llegó a Alemania se enfrentó a una nueva traba: la agencia gubernamental encargada de su caso no le permitía vivir en el mismo campo para refugiados en el que estaba su marido. Como protesta, Sara durmió delante del campo de Neubau durante una semana entera en medio del frío invierno alemán hasta que finalmente las autoridades cedieron.

La valentía de estas mujeres y su determinación me robaron el aliento. No me cabía duda de que irían hasta los confines de la tierra con tal de mantener a sus familias a salvo. Como madres eran absolutamente feroces.

Cuando finalmente tuve un momento de tranquilidad para escuchar el mensaje de mi madre, una ola de emoción me encogió la garganta. Me decía que mi viaje le asustaba y emocionaba a partes iguales. En un momento del mensaje hizo una pausa para decir “Solo ten cuidado… Porque no podríamos vivir sin ti.”

Con poca frecuencia vemos a las mujeres, y los roles cruciales que juegan en épocas de conflicto, como heroínas y no como víctimas. Mi madre expresó en palabras la convicción de la que acabé siendo testigo en todas las mujeres refugiadas que conocí. Lo que sigue es un intento de darles el crédito como madres, hijas, hermanas, mujeres y como el pegamento que lo mantiene todo unido.

Gracias, mamá.

abrir-sheissyria-maternidadConocí a Abir, 14, y a su madre, Aveen, a las afueras del campo de refugiados de Moria en Lesbos, Grecia. El campo se puede ver al fondo de su foto, tras la verja rodeada de alambre con púas. Abir era dulce, su voz era suave y nunca se alejaba demasiado de la vera de su madre. Ambas acababan de hacer el viaje en barco hasta la isla esa misma mañana, junto a su hermano, saliendo de casa a media noche y llegando a su destino a las seis de la mañana. El padre de Abir, desafortunadamente, había fallecido años atrás por complicaciones cardiacas.

aveen-sheissyria-maternidadAveen, 37, es el tipo de matriarca en la que confías implícitamente. Amigable y abierta, Aveen me invitó a sentarme al lado de la estufa en torno a la que su grupo se había apiñado. Mientras recordaba su hogar, Aveen dijo: “Era feliz en mi casa, en mi país. Durante la guerra, mi casa fue bombardeada y completamente demolida. Tras eso dejó de ser un hogar. Lo que quiero para Siria es: quiero que acabe la guerra y volver a mi país. Espero que dios solucione este problema. Ella y sus hijos habían llegado a Alemania y ahora viven en un campo de refugiados en Hamburgo.

saban-sheissyria-3Sabah, 35, es madre de cuatro hijos y profesora de una escuela infantil que huyó de Damasco (Siria) para unirse a su marido en Alemania. “Este viaje no fue en absoluto fácil. Como madre, es muy duro. Quisimos volver atrás por nuestros hijos. Ha sido muy difícil para ellos. Escalamos la montaña. El contrabandista nos dijo que tardaríamos una hora en llegar a Turquía. Tardamos 7. Huíamos corriendo con nuestros hijos.” Sabah prefirió que no fotografiase su cara, pero posa en la sombra junto a otras muchas madres y sus hijos al lado de su tienda en el campo de Moria, Lesbos.

asima-sheissyria-maternidadAsima Mohamed, de 43 años, y su hija de 17 años son de Mosul (Irak). Cuando ISIS destruyó su hogar en 2009, su familia compuesta por 10 miembros se mudó a la región del Kurdistán. En diciembre de 2014 su nuevo hogar fue de nuevo destruido por ISIS. Cuando tomé esta foto ya estaban en Atenas (Grecia), esperando a que Holanda procesara su solicitud de asilo.

nadia-sheissyria-5“Añoro todo… Mis amigos, mi casa. Creo que la mía era una buena vida. Lo era. Pero ahora no”, dice Nadia, una mujer siria de 37 años. Divorciada y sin hijos, estaba viajando con su madre y su hermano menor, quien habría sido reclutado por el ejército sirio si se hubieran quedado en casa. Le pregunté que si pudiera tener cualquier cosa, qué elegiría tener. “Quiero no morir aquí. Quiero morir en mi país. No aquí ni en Alemania. Sabes… Si terminara [la guerra] ahora mismo, volvería a casa. De verdad, incluso si no tengo nada.”

yemeniwomen-sheissyria-maternidadUn grupo de mujeres de Yemen miran desde lo alto de su habitación en el Hotel Balasca en Atenas, donde sus ropas están colgadas secándose en el balcón. La ONU les ha encontrado a ellas y a sus familias alojamiento en este hotel hasta que sus permisos de asilo en la Unión Europea sean tramitados.

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“Fui a casa para coger ropa de los armarios de mis hijos… Sin saberlo, me giré y vi a cuatro niños pequeños vistiendo ya la ropa de mis niños. Te toca muy de cerca cuando ves esto. Te das cuenta de cuán fácilmente podría haberte tocado a ti!”

Aphrodite Vati Mariola es madre, profesora y la propietaria del Hotel Aphrodite, un negocio familiar en Molivos (Lesbos). Ella es un ejemplo de la hospitalidad griega. Cuando el primer barco de refugiados llegó a su playa en abril de 2015, Aphrodite movilizó a su equipo para ayudarlos a desembarcar. Muchos clientes del hotel han tenido problemas digiriendo la situación. El turismo ha caído un 70% en la zona en lo que va de año.

TheHosseins-sheissyria-8Mi camino se cruzó con el de los Hosseinis, quienes proceden de Afganistán, en el salón trasero de un restaurante indio cerca de la plaza de la Victoria de Atenas. Estaban allí esperando, junto a otras 5 o 6 familias, para embarcar en un tren. Nilufa, de 8 años, era dulce y estaba sentada en silencio leyendo un libro con el título “Cómo crear una vida mejor”. Assal, de dos años, era claramente su traviesa hermana menor, quien en un determinado momento consiguió que toda la familia riera a carcajadas con sus payasadas. Esa noche me quedé despierta preguntándome si conseguirán llegar a salvo a Macedonia, donde la frontera había sido recientemente cerrada. Por suerte, dos semanas más tarde nos enteramos de que habían llegado a la región de Bavaria en Alemania.

zahra-sheissyria-9Zahra, una refugiada de Irak, abraza a su hija de 9 meses. Zahra llegó sola a Alemania con sus dos hijos y estando embarazada del tercero.

azula-sheissyria-10Cuando conocí a Azula, una mujer kurda de Irak, ella llevaba en Berlín solo 20 días. Tenía el brillo esperanzado de una recién llegada y estaba animada por descubrir la vida que se abría frente a ella. Su sueño aquí es convertirse en peluquera y estilista, mientras que siendo mujer en Iraq no tenía permiso para trabajar.

hamida-sheissyria-11Hamida y su marido Mohammadi son refugiados de Afganistán que llegaron a Berlín hace varios meses. Tienen dos hijos pequeños, un chico de 8 años y una niña de 3 que está muy enferma. Las complicaciones con la salud de su hija hicieron que lo que habitualmente es un viaje de 12 días se convirtiera en una travesía de 40 días cruzando Irán, Turquía, Grecia, Macedonia, Eslovenia, Croacia y Austria. Ahora viven en Haus M, un centro médico en LAGeSo, donde los médicos aún están tratando de diagnosticar la enfermedad de su hija.

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¿Y si tienes una familia y tu hermana es la persona número 200.001 en intentar entrar, así que ya no se le permite acceder al país? ¿No dejas que entre? ¿La dejas morir?

Esta es el ferviente súplica que Christiane Beckmann alude para defender por qué Alemania no debería endurecer sus leyes de asilo. Christiane es la coordinadora de Moabit Hilft, un grupo de ciudadanos locales que provee con ropa, útiles de baño, pañales y té caliente a los refugiados de Haus D en LAGeSo, el principal centro de refugiados de Berlín. Christiane considera a los voluntarios de Haus D, muchos de los cuales son también refugiados, como su familia extendida. Sonríe con orgullo cuando comenta que ha ganado un hijo, Ayham, un joven de Siria que ahora vive con su familia.

afghaniwomen-sheissyria-13La plaza de la Victoria, donde conocí a esta mujer de Afganistán, es una de las principales áreas de Atenas donde los refugiados y migrantes pasan en su ruta hacia otros países de la Unión Europea. Ella y sus hermanos estaban disfrutando del sol de invierno en el parque, matando el rato hasta la salida de su tren hacia Macedonia a las 6 de la tarde.

feriel-sheissyria-14Feriel2-SheIsSyria(Arriba) Feriel, de 37 años, es madre de 6 hijos y procede de Siria. Aquí posa con sus hijos Omar y Abdullah. (Abajo) Durante el transcurso de dos días pude conocer a sus hijas Bayan, de 9 años; y Reem, de 11. La pareja siempre vestía trajes coordinaros en el mismo tono de rosa y podrían haber sido fácilmente confundidas por gemelas. Las niñas, junto con Abdullah, me enseñaron su baile coreografiado al ritmo de tecno árabe dentro de su tienda en el campo de refugiados de Kara Tepe (Lesbos).

shelley-sheissyria-15Shelley Cheung, cinematógrafa y directora de “She is Syria”, se detiene delante de la creciente pila de chalecos salvavidas abandonados en Lesbos. Su padre, que nadó hasta Hong Kong para poder huir de la China comunista, llegó como refugiado a Estados Unidos en 1977. “Me quedé petrificada cuando vi las montañas de salvavidas”, afirma. “Creo que es muy simbólico de nuestro viaje… Es difícil creer lo que oyes hasta que no lo ves y lo experimentas.”

FIN

 


Este artículo apareció originalmente publicado en el perfil de Medium de Katie Salisbury. Las imágenes que ilustran la historia, todas realizadas por Katie Salisbury, han sido previamente publicadas en Marie Claire y Refinery29. Puedes descubrir más historias, vídeos y fotos en www.sheissyria.com

KatieSalisbury(1)Katie Salisbury es una escritora, editora y fotógrafa freelance residente en Nueva York. Su trabajo ha sido publicado por “Marie Claire”, “The Rumpus”, “Refinery29”, “Roads & Kingdoms” y “William & Park”. También ha editado libros para Amazon Publishing y Harper Collins. Actualmente está involucrada en el documental “She is Syria”. Originaria de California, una de las mayores aficiones de Katie es viajar. Podéis seguir sus pasos en su web y en sus perfiles de Twitter e Instagram.