Subway Therapy: post-its para sobreponerse a la resaca electoral

Subway-Therapy

Matt “Levee” Chavez llevaba meses, casi un año, acudiendo a diario al metro de Nueva York a escuchar a quien quisiera sentarse en su consulta —para el caso, una pequeña mesa de camping y unas sillas plegables— a contarle sus problemas. Sin embargo, pocos se animaban a hacerlo. Hasta que un día todo cambió: Donald Trump había salido vencedor en las elecciones presidenciales y la gente de Nueva York no se hacía a la idea. En ese momento, su pequeño proyecto Subway Therapy se transformó en una terapia de grupo multitudinaria en la que en una semana han participado más de 10.000 personas. Todos ellos han cogido papel y boli para compartir sus emociones y sus ideas con Matt y con el resto del mundo.

 Subway Therapy nació antes de las elecciones. ¿Cómo surgió?
— La primera iteración nació cuando me mudé a Nueva York desde California hace casi un año, el día después de Navidad de 2015. Llevaba tiempo pensando en hacer algo que ayudara a la gente a sentirse bien cuando están tristes, a expresarse y comprender que no están solos. Quería que la gente viniera a hablar conmigo si no tenían a nadie más con quien hacerlo. Yo soy afortunado porque tengo familia y amigos que me ayudan en los momentos en que estoy decaído. Pero ¿qué sucede con quienes no tienen a nadie? Tenía claro que quería estar ahí para ellos.

— ¿Qué tipo de personas se sentaban contigo y qué te contaban?
— Todo tipo de personas y me contaban una inmensa variedad de cosas. Algunos me hablaban de sus vidas, de sus citas. Otros me pedían consejos sobre cómo actuar con alguien que les gustaba. Era muy divertido. Me encanta ver que cuando la gente tiene oportunidad para hablar y contar sus preocupaciones, sí lo hacen.

¿Te limitabas a escuchar o también dabas consejo?
— Al principio solo había un libro pequeño en el que la gente podía escribir sus preocupaciones. Algunas de las cosas que la gente escribió son “Siento que estoy atrapado entre cuatro culturas”, “Me asusta casarme con él” o “Detesto a la ex-mujer de mi novio”. Pero la mayoría de la gente lo que quería hacer era hablar y yo quería apoyarles de esa forma. Por eso hace 6 meses cambié el nombre del proyecto de New York Secret Keeper [el Guardián de Secretos de Nueva York, en castellano] a Subway Therapy y empecé a vestirme como se vestiría un psicólogo, porque quería activar ese tropo y que la gente me viera y se sintiera con ganas y confianza de sentarse conmigo a hablar.

La consulta de Levee en una de las paradas de metro que ha visitado la última semana. Foto: @SubwayTherapy
La consulta de Levee en una de las paradas de metro que ha visitado la última semana. Foto: @SubwayTherapy

— ¿Qué te inspiró a querer ayudar a la gente?
— Siempre he estado muy interesado en el proceso de ayudar y curar a otras personas. El primer recuerdo que tengo de ese interés es de cuando tenía 12 años y me apunté en un instituto local a un curso de resolución de conflictos para ayudar a intermediar en peleas. Ya entonces intentaba evitar que mis amigos peleasen y conectar a personas. También he hecho mucho trabajo comunitario, como ser orientador de nuevos alumnos en la universidad porque quiero que la gente se sienta cómoda, especialmente cuando se enfrentan a algo nuevo y emocionante. Creo que el hilo conductor de mi trabajo es ayudar a la gente a aprovechar su fuego. Por ejemplo, las elecciones presidenciales hicieron que la gente echara chispas. Pero ese fuego, que muchas veces puede ser muy productivo si se canaliza hacia actos que hagan a la gente sentir ese calor convertido en amor, también puede quemar. Tenemos que ser conscientes de esa dualidad.

Cuando lanzaste, ¿tenías en mente otros proyectos o instalaciones artísticas que hubieran explorado en primera persona las emociones humanas?
— La verdad es que no. Sin embargo, desde que empecé mucha gente me ha dicho “Subway Therapy se parece mucho a esto” o “Subway Therapy me recuerda a esto otro“. A mí la experiencia me recuerda bastante a ser músico callejero. El año pasado pasé un tiempo dando clases de inglés en Seúl y aprovechaba el tiempo libre para cantar y tocar la guitarra en la calle. Me encanta activar al público y siempre cantaba canciones de amor. Soy un poco cursi, pero me entretenía caminar por la calle y encontrar a parejas a las que preguntarles si les podía cantar una canción solo para ellos y crear un momento especial.

¿Cómo se te ocurrió usar post-its y pegarlos en la pared para compartir emociones?
— Hace 4 o 5 años, cuando mi padre se sometió a una cirugía de corazón el día antes de San Valentín, en mi familia utilizamos post-its para expresar cómo nos sentimos. Mientras él estaba en el quirófano, nosotros cogimos post-its en forma de corazón y en cada uno escribimos mensajes para que cuando despertase viera que habíamos estado pensando en él y que habíamos llenado la habitación con nuestros mejores pensamientos y deseos para él. Como creo que la gente puede hacer eso mismo cada día con la gente que los rodea usé el mismo formato. Ha sido maravilloso ver a la gente haciéndolo.

Algunos de los post-its que los neoyorkinos han pegado en las paredes del metro.
Algunos de los post-its que los neoyorkinos han pegado en las paredes del metro.

¿Cómo te ha afectado la respuesta tan apabullante de la gente?
— Si te soy sincero, aún no he tenido ocasión de procesarlo. He estado muy ocupado estos días y he preferido aprovechar toda mi energía para dedicársela a las personas. Así, todo el amor que recibo lo devuelvo inmediatamente. He querido centrarme más en escuchar. Creo que el proyecto es muy potente a nivel humano, pero también a nivel visual. El domingo pasado la estación se llenó de post-its. Casi 100 metros de longitud de pared y unos 15 azulejos de altura cubiertos de papeles. Había unos 8000 pegados.

¿Alguna reacción que te haya dejado huella?
— Ha habido muchas. Ayer, por ejemplo, una mujer me dijo que en su oficina se habían inspirado en Subway Therapy y habían empezado a colgar post-its con diferentes mensajes en el baño de mujeres de su oficina. Me contó que el espejo está ya totalmente lleno y que cuando los hombres se enteraron de lo que estaban haciendo, que se sintieron algo celosos y también copiaron la idea. Me gusta la idea de que la gente se sienta inspirada a hacer cosas que son buenas para ellos y sus personas cercanas.

¿Qué planeas hacer con todo el material que estás recopilando?
— Estoy barajando varias opciones. Muchas personas me han contactado interesadas en el proyecto y he estado conversando con mucha gente sobre poner todos los post-its en algún espacio, posiblemente un museo en Nueva York. Creo que todo el material representa una instantánea de este momento en la Historia en el que la gente ha sentido que tiene tanto que decir tras las elecciones.

El impulso a Subway Therapy llegó de la mano de la victoria de Donald Trump.
— Sí. Sin embargo, el proyecto sigue siendo políticamente imparcial. No es más que una herramienta para que la gente pueda canalizar su fuego y convertirlo en algo visible y productivo. Creo que la gente realmente estaba sufriendo y la energía que hemos creado ha sido estupenda. Especialmente en Nueva York mucha gente esperaba que Hillary Clinton ganase las elecciones. La reacción popular ante su derrota prueba que a nadie le gusta que no se cumplan sus expectativas. El año pasado cuando daba clases en Corea siempre jugaba con los alumnos a Piedra, Papel o Tijera para decidir quién leería primero en clase. Un día cambié las normas y dije que quien ganase leería el último en vez del primero. La clase entera de niños de 8 y 9 años se puso a llorar desconsoladamente. Eso me ayudó a ver que no encajamos bien los cambios de planes. Creo que tendemos a volvernos cómodos, a sentirnos satisfechos con lo que somos y tenemos, especialmente en EE.UU. Al final la elección de un nuevo presidente es un cambio pequeño, no algo dramático. Pero sí creo que lo que atemoriza ahora a la gente es que el país ha elegido a un presidente que es más impredecible que los anteriores. Esa incertidumbre causa muchas dudas, mucha inestabilidad y mucho miedo.

¿Cómo reacciona la gente a que en realidad no seas psicólogo?
— Muchas veces tengo que insistir en que no lo soy. La gente no me cree. Por eso siempre cuelgo en la pared mi único título: el que me reconoce el honor de ser un “Ser Humano Profesional” y que ni siquiera ha sido galardonado a mi nombre real. El título fue un regalo de Ori Alon, quien me contactó porque le gustó lo que estaba haciendo. Él había empezado hace 10 años un proyecto para ayudar a personas a escribir cartas en el metro. Y luego creó el Center for Supportive Bureaucracy [Centro de la Burocracia Compasiva en castellano], una organización que quiere hacer del mundo un lugar mejor a través de títulos que reconozcan los talentos de las personas. Tienen documentos muy graciosos y originales, que parecen oficiales y firmados por notario, como un diploma honorario a un gran amigo o una licencia de inspector de karma. Ellos trabajan con colegios y con gente que promueve la inclusión y el trabajo en comunidad a través de la diversión y del juego. Y ellos me dieron mi licencia. Ori además fue la primera persona que hizo una donación al proyecto porque creía que el proyecto era fabuloso y que quería ayudarme.

El pasado domingo Subway Therapy alcanzó el hito de los 10.000 mensajes. Foto: @SubwayTherapy
El pasado domingo Subway Therapy alcanzó el hito de los 10.000 mensajes. Foto: @SubwayTherapy

Acabas de comentar que aceptas donaciones. ¿Tienes un canal para que la gente pueda apoyar financieramente el proyecto?
— En la web de Subway Therapy hay una pestaña donde la gente puede donar. El dinero va a ser usado para cubrir los gastos de comprar post-its y otros materiales y permitir dar continuidad al proyecto. Por otro lado, nunca acepto dinero en persona. Mi objetivo es que la interacción sea algo íntimo y que la gente no sienta que tiene que pagar por participar. De hecho, lo que menos me gusta de la idea de que me den dinero es que otras personas lo vean como una transacción y que les haga sentirse obligados a contribuir también. El otro día un señor vino y me dijo que quería que cogiera su donación para promover el proyecto. Casi de inmediato otra mujer se me acercó para darme su dinero y tuve que rechazarlo. Le dije que prefería que se lo quedara y me preguntó que por qué el otro señor sí podía donar y ella no. Tuve dificultad para explicarle que no quería que se sintiera obligada a donar o pagar porque había visto a otra persona haciéndolo. Pero como ya era la hora de irme a casa le dije que como sí podía ayudarme era echándome una mano al retirar los post-its.

— ¿Retiras todos los post-its cada noche?
— Sí, desde el primer día. Es un proceso largo, que a veces dura hasta un par de horas, pero el gesto de despegar cada papel y leerlo es un ritual muy bonito. Por eso animo a la gente que está en el andén a ayudarme a retirarlos y quienes lo han hecho me han dicho que ha sido una experiencia maravillosa el despegarlos porque han podido leer los mensajes lentamente y sentir el peso de cada palabra.

A raíz de Subway Therapy, otros proyectos similares han aparecido en otras estaciones.
— Sí, incluso en otras ciudades. El otro mi abuela me llamó para contarme que mi abuelo había visto en las noticias un proyecto igual en San Francisco y que en la información no me habían citado. A ellos les pareció mal, pero a mí no me importa. Yo fui el primero, pero apoyo totalmente a la gente que lanza iniciativas similares. Creo que nadie debería ser el dueño o estar a cargo de la idea. Lo que sí espero es que la gente que también lo empiece sea responsable. Que quien genere un espacio para compartir ideas y sentimientos se asegure de luego retirarlos y almacenarlos. Porque si esos papeles se quedan en una pared indefinidamente, pronto acabarán convertidos en basura. Se despegarán, se caerán al suelo y parecerán basura. Así que lo que pido es que la gente siempre mantenga la iniciativa fresca.

Aquí otra selección de post-its recopilados durante Subway Therapy
Aquí otra selección de post-its recopilados durante Subway Therapy

¿Hasta cuándo durará Subway Therapy?
— Esta etapa post-elecciones en Nueva York seguro que entrará en hiato el próximo día 21, porque viajo a California para celebrar el día de Acción de Gracias con mi familia. Sin embargo, mientras estoy en la costa oeste me gustaría replicar Subway Therapy en alguna estación o lugar. Porque aunque sé que hay personas que lo están haciendo en ciudades de California, a mí lo que me gusta es hacerlo por participar, por interactuar con la gente. Esto también me ayudará a ver cómo me siento haciéndolo en otra ciudad que no sea Nueva York, porque muchas personas con las que he hablado me han dicho que tengo que llevar el proyecto a Japón, otros a Suecia o Italia, o que quieren que vaya a Israel. Así que quiero explorar si que el proyecto viaje es algo que la gente quiere o necesita. Quiero estar ahí para la gente.

¿Cómo te planteas darle continuidad?
— Me gustaría seguir haciéndolo no solo tras elecciones, sino en otros momentos que hacen que la gente necesite expresar como se siente, como catástrofes naturales o accidentes. Según vaya atenuándose el recuerdo de las elecciones, creo que me gustaría repensar en el proyecto como una oportunidad para que la gente juegue. Creo que es importante que las personas jueguen y reserven tiempo para actividades lúdicas porque hace que el mundo sea más agradable. Creo que sería divertido hacer una versión improvisada en la que hacerle preguntas a la gente como “¿Cuál es tu comida favorita?” y ver las reacciones porque eso sería interesante y divertido.

FIN

 


Matt-Chavez-LeveeMatt “Levee” Chavez tiene 28 años y es originario de Gilroy, una pequeña ciudad en el centro de California. Aunque iba a estudiar Psicología, acabó optando por estudiar Artes Creativas en la Universidad Estatal de San José, donde desarrolló su fascinación por las artes performativas. Podéis seguir sus pasos y los del proyecto Subway Therapy en su cuenta de Instagram o en su página web.